Nada me llena, me siento vacío

¿Te has sentido así alguna vez?
“Estoy bien, se supone que tengo todo lo que tendría que tener, sin embargo, nada me llena del todo: puedo picotear y comer cosas ricas pero no me sacio, puedo tener relaciones intensas pero a la larga me siento vacío, frecuentemente me siento frustrado y a veces vivo la vida como un sinsentido”.
¿Qué és la neurosis?
Lo expuesto en el párrafo anterior atiende al concepto de neurosis. Como se ve no habla de severas patologías mentales, es algo mucho más sutil y en cierto modo más terrible, una insatisfacción permanente, una falta de plenitud, un sentimiento de falta de ser.
Este sentimiento de insatisfacción crónica está en la base del consumismo y es explotado por la publicidad: si nos sentimos carentes será más fácil prometernos un nuevo producto que más que su valía propia nos promete nuevas sensaciones intensas y agradables, pero el resultado suele distar mucho de lo que promete.
¿Por qué nos cuesta tanto cambiar a pesar de no sentirnos satisfechos? ¿Por qué repetimos siempre los mismos patrones? ¿Por qué yo busco la satisfacción siempre en las mismas cosas o personas aunque no me la den?
Wilhem Reich, demostró que existían neurosis sin síntomas manifiestos, que la angustia se encontraba ligada a rasgos de carácter con los que la persona se identificaba y estaba aparentemente a gusto, por ejemplo: ser excesivamente extrovertido, afable, bien humorado y buscar novedades constantemente. Evidentemente no me refiero al buen humor genuino, sino a una manera de funcionar rígida y estereotipada, a personas que por ejemplo siempre tienen la necesidad de sonreír, que huyen de emociones que ellos consideran como negativas y que para mantener su estado de “buen humor” e incluso de ligera euforia, necesitan estar estimulados constantemente, buscando una novedad constante (salir de fiesta asiduamente, viajar sin parar, participar en un sinfín de actividades y compromisos sociales, etc.).
Esto, es sólo un ejemplo y hay muchos más. Lo que los caracteriza a todos ellos, es que no proporcionan una satisfacción auténtica, que para mantener la poca satisfacción que proporcionan y el precario equilibrio vital que nos dan, exigen muchísima energía, desgastándonos a medio y largo plazo, dejándonos insatisfechos, carentes y con la íntima sospecha de que la vida podría ser algo bien distinto, mucho más plena y gozosa. Sin embargo, por su propia naturaleza, tienden a auto-perpetuarse, esto es, en el ejemplo dado, que aunque la persona sospeche que no se siente satisfecha, rara vez se lo confesará, más bien durante algún tiempo hará lo contrario, se esforzará más y más por tener más novedades en su vida, con el fin de alcanzar la ansiada satisfacción, satisfacción, que por cierto, nunca llega de esta manera.
¿Qué caracteriza a la neurosis?
Lo que caracteriza a la neurosis es la “ceguera”, el no darnos cuenta de lo obvio, de tal manera que muchas veces vamos por la vida repitiendo las mismas lecciones y tropezando con las mismas piedras.
En el fondo de la neurosis existe un sentimiento más o menos crónico e inconsciente de insatisfacción, carencia y falta de plenitud, que de una u otra manera la persona intentará compensar compulsiva y repetitivamente de distintas formas: comiendo, con el sexo, mejorando y rindiendo culto a su imagen corporal, llenándose de conocimientos, buscando retos de los que alardear, etc.
La ceguera respecto a esta forma de funcionar, hace que dediquemos gran parte de nuestra energía en intentar satisfacer, de esta manera, el sentimiento de carencia e insatisfacción. En cierto modo es como si tuviéramos un parásito, que se alimenta de uno mismo y de la fuerza vital, prometiendo una satisfacción y plenitud que nunca llegan y que nos alejan más y más de nuestra verdadera naturaleza, volviéndonos más y más neuróticos, insatisfechos y faltos de paz, buscando lo que nos falta en cualquier acción externa, evento o persona para alcanzar la anhelada satisfacción y plenitud, aunque sepamos que nada ni nadie nos va a llenar.
¿Cómo puedo gestionarla?
La solución pasa por aprender a ver, por aprender a verse y a sentirse. Es un proceso que lleva años y que muchas veces necesita de ayuda externa. Implica entrenar la atención y la intención de distinta forma, hacer el propósito de no huir de sí mismo y de mirarse uno mismo y al mundo de la manera más honesta posible. Cuando podemos integrar esto, los mecanismos de defensa que empleábamos para no vernos ni sentirnos, comienzan a desvanecerse, haciendo emerger las heridas emocionales y nuestros asuntos inconclusos y no resueltos. Esto es doloroso y al mismo tiempo necesario, es la realidad que tenemos que asumir, Como decía Deshimaru: ”nos hemos pasado media vida corriendo detrás de lo que deseábamos y otra media, huyendo de lo que no nos gusta. Por pura lógica, si dejamos de huir de nosotros mismos, nos encontraremos con todo aquello de lo que escapábamos”.
Será un paso necesario para sanar. Tras ese impasse y duro trago, uno emerge más fuerte y auténtico, más en paz con uno mismo y con el mundo. Aparece entonces, un sentimiento de certeza y confianza de que uno ha hecho lo correcto.
Como muchos otros, he buscado en las terapias alternativas, el yoga y por último en la Terapia Gestalt. Sin duda esta última me ha ayudado a descubrir mi neura y el sufrimiento que conlleva y sanar las heridas de una corta pero intensa vida. A veces me pillo huyendo del dolor emocional o cayendo en compensaciones, pero suelo darme cuenta y al poco actuo de otra manera.
La gratitud es uno de los principales estados de gracia, ese sí es un buen termómetro para saber si nos estamos deshaciendo de la neurosis. En la medida en que espontáneamente, experimentemos gratitud, plenitud y satisfacción en nuestra vida diaria, significará que nos estamos deshaciendo de nuestra neurosis y viviendo la vida que nos merecemos por derecho de nacimiento.
¡Si te has sentido identificadx , explícame tu historia en los comentarios!
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